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BALADA AL SUS IM KETEM AL HAMETZACH [בלדה על סוס עם כתם על המצח]

BALADA AL SUS IM KETEM AL HAMETZACH [בלדה על סוס עם כתם על המצח]

Une très belle chanson hassidique de Chava Alberstein

“¿Has visto a este maravilloso caballo?
Corre a la feria, rápido, y cómprame un caballo como este
con una mancha en la frente
y una mancha en el lomo
y crines de plata brillando en su cola”.
Así le dijo el terrateniente a Moshke el palafrenero
y le dio cien rublos para que fuera de una vez.

Parte Moshke a la feria y oy, qué suerte,
junto a la posada estaba un gentil con un caballo tal
con una mancha en la frente
y una mancha en el lomo
y crines de plata brillando en su cola
y el gentil, un joven muchacho, de pie y ensoñando
tras su bigote, canta una melodía como esta:

Ay-ay-ay…

“Hazme un favor, enséñame la canción”
así le dijo Moshke, y el gentil, de su boca respondió:
“págame primero
como es la costumbre
cincuenta rublos es el precio de la melodía”
Moshke saca su atado de dinero y le paga de inmediato
y un minuto después cantaban juntos como uno solo.

Ay-ay-ay…

El canto pasó y se fue y entonces Moshke recordó
“Ey, ¿cuánto me costaría este caballo maravilloso?
con una mancha en la frente
y una mancha en el lomo
y crines de plata brillando en su cola”.

“Cien rublos”, dijo el gentil y Moshke respondió:
“cincuenta ya te pagué, te daré cincuenta más”
“No, no, no y no hace gracia, el gentil aquí tiene un trato justo”
“por los cincuenta recibiste ya la canción
una cosa no va con otra
y la canción no es gratis”.

Guardó Moshke el atado y se fue de allí
recorrió por los puestos del mercado, ni por un minuto paró
y a sí mismo se cantó la canción que aprendió:

Ay-ay-ay…

Justo al otro lado de la feria oy, qué suerte,
había un gentil junto a un caballo tal
con una mancha en la frente
y una mancha en el lomo
y crines de plata brillando en su cola
y el genil dejaba oír una canción, escucha, pon atención
a la melodía que es la continuación de esa otra melodía:

Ay-ay-ay…

“Hazme un favor, enséñame la canción”
así le dijo Moshke, y el gentil, de su boca respondió:
“págame primero
como es la costumbre
cincuenta rublos es el precio de la melodía”
Moshke saca el atado de dinero y le paga de inmediato
y un minuto después cantaban juntos como uno solo.

Y cuando terminaron de cantar él recordó:
“Ey, ¿cuánto me costaría este caballo maravilloso?
“Cien rublos”, dijo el gentil y Moshke “ay ay ay
50 ya te pagué y le sumo mis botas”.
“No, no y no, el caballo solo cuesta 100 rublos
50 me pagaste por esta canción”.

Ay-ay-ay…

Vuelve Moshe sin caballo y el terrateniente, ajá
le da un golpe y lo echa de su propiedad
con una mancha en la frente y otra en el lomo
y con él son expulsados sus hijos y su mujer
y por los caminos entre pueblo y pueblo y entre pueblo y ciudad
incluso con hambre y con helada no dejaron de cantar:

Ay-ay-ay…

Y un día después de años llegaron por el camino
a la ciudad donde se sentaba el famoso rabino
el rabino estaba sentado cómodamente y posó sus ojos en ellos
y salieron entonces las tres estrellas del inicio del shabat
preguntó: “¿de dónde vienen y en dónde pasarán la noche?”
y ellos trataron de contarle pero les salió la melodía:

Ay-ay-ay…

Se reían los alumnos de yeshivá, se reían los jasídicos
pero en la frente del rabino latían sus venas
golpeó el rabino su mesa
y en su voz atronó:
“¿Acaso son sordos ustedes, que no pueden oír?”
A esta canción la hemos estado esperado de siempre
la cantaríamos cuando llegue el mesías hijo de David”.

Ay-ay-ay…